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El tiempo pasaba muy lento, nos mirábamos fijamente el uno al otro sin cruzar una sola palabra.

¿Por qué no tomamos la carretera para llegar más rápido? Era como si quisiera hacerme sufrir. Y yo que estaba tan tranquilo mirando las nubes.

- ¿Cómo me encontraste?
- Una gitana me dijo que estabas fuera de una ciudad amurallada, y las recorrí todas, hasta que te encontré.
- Porque son un montón.

Me miró con desdén. Que lo parió, encima que me hace irme cuando estaba a punto de dormir la siesta, todavía no se banca mi sarcasmo. Ah, Istala es una de las dos ciudades amuralladas que hay, en todo el mundo.

En un punto, se puso a cantar “I will survive” a coro con el cassette de Gloria Gaynor. No sólo pensé que me moría, el viaje se me hizo tortuoso.

Cuando llegamos a la puerta del bosque de Aramandal, frenó el auto, y exclamó que ese era nuestro destino. Pero no nos adentramos en el bosque, sino que lo bordeamos hasta llegar al lago de homónimo nombre.

En el lago, estaba esta joven, sumamente hermosa, bañándose de vestido de gala de un color rojo carmesí. “Divina, pero loca como una cabra”, pensé. Al verme, se me acercó cansinamente, miró al hombre entrecano, y le dijo con la mirada que se retirara. Cuando me fui a acercar a ella, se puso a gritar tan fuerte que el petiso sacó una espada (creo que una katana), y casi me corta la cabeza. Casi me viene algo.

Pero ella lo detuvo con la mirada, y me miró recriminándome mi osadía. Entonces agaché la cabeza, y me puse a jugar al sapito en el borde del lago.

Ahí se me acercó el enano, y me dijo que se llamaba Erat. Erat tenía como 114 años, pero era una onda adolescente para la gente de su comunidad.

- Como te dije antes, te necesito.
- ¿Quién es ella?
- La Reina Werdara
- ¿Y eso? ¿Reina de donde?
- No importa, ahora viaja de fugitiva conmigo. Escapó del reino cuando su intento de matar al príncipe ahogándolo fracasó.
- ¡!¿¿¿Cómo???!!
- No es lo que crees, el príncipe había intentado matarla a ella la semana anterior, pero el sirviente que iba a ponerle el veneno en el vaso, se equivocó de vaso, y mató al Rey.
- Mmmmhh, esto del parricidio no me cae.
- Créeme, esto de las muertes de la nobleza es moneda corriente en el reino.
- A todo esto, ¿qué reino?
- ¿Qué importa? El asunto es que te necesito.
- ¿Para qué? ¿Y por qué tendría que ayudar a fugitivos?
- La fugitiva es ella, yo sólo soy su sirviente.
- Da igual
- Ayyyyyyyy

Se tiró en el suelo, como renegando de haberme pedido ayuda a mí. ¿Y en que podría ayudar yo, que no soy ni abogado, ni representante de ningún otro reino, ni nada que se le asemeje?. Ahhh, no veo la hora de dormir la siesta.

- ¿Me podrías decir de qué reino son?
- Del Reino Avatar
- ¿¿¿¿MATARON AL REY DE AVATAR??????
- El príncipe lo mató, y el problema es que sin la reina allí, ahora el príncipe es el Rey.
- ¿Entonces a la Reina se la acusa de regicidio?
- Exactamente
- ¿En qué te puedo ayudar exactamente?
- Tienes que ayudarnos a ir hasta Brinken, ¿tu sabes llegar hasta ahí no? ¿No eres cartógrafo?
- Si, pero nunca fui hasta allí, ni lo cartografié nunca. Alguna vez lo vi en algún libro, pero más que decirte más o menos cerca de dónde queda, no puedo hacer más nada.
- Más te vale que te acuerdes repentinamente, puesto que no puedo dejarte ir, ya que sabes la ubicación de la Reina y su destino. Así que si no te acuerdas, te mato acá mismo.

Qué lo parió, eso me pasa por ayudar. Si no me acuerdo dónde queda ese pueblucho, me matan. Y si me ven con la Reina los de la Guardia Ministerial, también. Así que de cualquier forma me matan.

- ¿Y qué vamos a ir a hacer exactamente en Brinken?
- Cuando lleguemos, te vas a enterar. Mientras, ni una palabra más.

De un sobresalto, nos dimos vuelta los tres para ojear la carretera. Se sentían ruidos de sirenas, y de caballos galopando. ¿Eh? ¡¡¡¡La Guardia Ministerial!!!! Yo no quería estar cerca de estos dos, ¡¡¿QUÉ HAGO?!!.

Nos pasaron de muy cerca, pero no nos vieron.

- Tenemos que irnos –sentenció el hombre-

La reina se cambió sus vestimentas sin pudor ninguno frente a nosotros (QUE BUENA QUE ESTÁ LA REINAAAAAA), y salimos a toda velocidad adentrándonos en el bosque.

Mientras corríamos hacia el bosque, me tropecé y caí al suelo, y justo se detuvo todo, Yo me quedé pegado al suelo –casi como que camuflado-, mientras los de la Guardia estaba no a más de 30 pasos, y la Reina Werdara y Erat ya habían logrado llegar al bosque, pero me vigilaban de cerca.

Merodearon un rato por los alrededores y no tardaron en irse. Una sensación de alivio tuve, que duró dos segundos, porque me acordé de que me iba a matar ese enano comepasto si no llegaba a Brinken.

- Tenemos que llegar al distrito de Miramar, para poder llegar a Brinken, es un poco más largo que ir por el distrito Zapico, pero Zapico está mucho mejor vigilado y tiene leyes muy extrañas.
- ¿Cómo que? – me preguntó Werdara
- Si bailando corrdinas la cabeza con los pies, te cortan la cabeza y los pies.
- Uuuhhh. Mejor vamos por Miramar. Gracias por ofrecerte a hacer esto.
- De nada – Se ve que no había escuchado nada de mi conversación con Erat

Así que la opción que teníamos era seguir adentrándonos en el bosque, y subiendo la ladera empinada de esa montaña, de la que el bosque es la base. Menos mal que íbamos en hover, caminando llevaría una eternidad.

El camino en hover por suerte se hizo más ameno con la presencia de la Reina, bah, a mí se me hizo más ameno, la Reina hablaba con Erat, y yo me miraba a la Reina, así de sencillo.

Tenía unas facciones de lo más delicada, el pelo rojizo, unos ojos celestes de la tonalidad del cielo, y una nariz larga y afilada. No tendría más de treinta años, me imagino que se habría casado muy joven con el Rey. Ahora era una joven viuda a la que consolar –Aethel ¡¡dejá de hacerte la cabeza!! (autorreflexión)-.

(Continuará)

0 tuvieron la brillante idea de pirar conmigo:

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