A los pocos días, vienen los suegros de Celeste de visita, Emy y Gerardo. Y Celeste decide agasajarlos con unos suculentos ñoquis con tuco, que decide prepararlos en la famosa fuente. Cuando Gabriel ve que está sirviendo los ñoquis de esa fuente, pone el grito en el cielo, anunciando que sólo los miembros de su familia podían cocinar en esa fuente.
- ¿Y yo no pertenezco a tu familia? ¿No puedo tocar esa fuente porque no soy de tu familia?
- No, que no, que ya te había dicho, no podés ser así
- Perdoná, pensé que cuando nos casamos ya formaba parte de lo que se considera familia, yo te considero parte de la mía.
- Si, pero no, esa fuente no, ya te había dicho...
- Ni te gastes.
Y durante un par de semanas, ya no dormían el uno abrazado a la espalda del otro, sino que dormían cada uno en una punta de la cama. Ni decir que la comida les cayó mal a todos.
Hasta que en cierto momento, Celeste cede terreno y lo abraza.
-¿Qué pasó? ¿Entendiste lo de la fuente?
- Amor, ya no quiero pelear contigo
- Yo tampoco, mi amor...
- Tengo algo para decirte....
- ¿Qué pasó?
- Creo que estoy embarazada
- ¿Eh?
- Sep
- ¿Tas segura?
- No fui al médico todavía, pero los tests dicen como que sí...
- ...pero pensé que habíamos quedado en que no íbamos a tener hijos...
- Bueno, sí, pero, ta, no se, ¿no podemos pensarlo un poco?
- Yo no quiero hijos Cele, no me siento capacitado para ser padre...
Volvieron a dormir en lados separados de la cama, hasta dos días después, en el que Cele empezó con las náuseas. Ahí fueron al médico, y fue cuando les anunció que no sería un hijo, sino dos.
En el baño del hospital, él le sostenía el pelo, mientras ella dejaba el alma en el WC.
- Cele, no puedo
- ¿Qué no podés?
- No puedo...
- ¿Qué me estás queriendo decir Gabi?
- No puedo ser padre.
- No me pidas eso, te amo Gabi, quiero vivir contigo toda mi vida, por favor no me pidas...
Él se levanta, le da un beso, y sale corriendo con lágrimas en los ojos.
-GABIIIIIIIIIIIIII!!!! NO ME HAGAS ESTO!!! - Ella lloraba a más no poder.
Pasaron unos meses, ella en el apartamento, él en casa de sus padres, los dos llorando desconsoladamente el uno por el otro.
- Mamá, no puedo ser padre, la amo, pero no puedo.
- Mi amor, nadie nació sabiendo ser padre o madre...
- No es eso, no puedo traer un hijo a este mundo, no quiero, no me siento capacitado, no me gustan los niños, no...
- ¿Y la vas a dejar con dos hijos a cuestas a tu mujer? ¿Le vas a pedir el divorcio en la mitad del embarazo?
- No, no así, no se, me muero por estar con ella, pero no podría...
- Pensalo bien Gabi, ¿que te lo impide?
- Quería disfrutar más de mi matrimonio, era feliz...¿Y si me sale drogadicto uno y gay el otro? Me viene algo mamá.
- Pensá bien lo que estás haciendo...
Al final del día, él se decidió a ir a verla. Cuando llegó al apartamento, vio todo en un estado de dejadez total, desde polvo acumulado, restos de comida por todos lados, y a Celeste tirada en la cama, bañada en un charco de sangre, mirando hacia la ventana.
Con gran presteza fue a socorrerla, y vio que estaba despierta, mirando hacia afuera, con lágrimas secas en las mejillas. Y cuando lo vio, se lo dijo: Los perdí.
Después de días de internación en el hospital, Celeste ya no fue la misma. Se sentía con un vacío emocional enorme, desesperante, su compañero de vida, aquél que había elegido años antes, la había abandonado a su suerte, y por causa del estrés fue que perdió a sus críos que se estaban gestando. Así que en un instante se fueron acumulando rencor, ira, y culpa, muchísima culpa.
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Ya la vida en convivencia no fue la misma, ambos más que tener una distancia física, los separaba una distancia emocional enorme, que hasta parecía insalvable. Y ahí fue cuando Celeste sugirió la idea de hacer terapia juntos, a ver si en ese esfuerzo lograban salvar lo que quedaba de su matrimonio.
Y así fue como en idas y venidas de la terapia, volaron resentimientos, odios, y de a poco el rencor se fue haciendo a un lado hasta que aparecieron los llantos y la buena voluntad de intentar mejorar, o eso parecía:
- Cele, el día que te dejé en el baño...
- ¿Qué amor?, decime, entiendo que hayas pensado apurado, que lo hayas hecho inconscientemente, estabas asustado, pero no lo pensaste...
- ........................
- ¿Me vas a decir que lo premeditaste?
- .........................., perdoname.
- No lo puedo creer, ¿habías pensado dejarme, y ése fue el mejor momento que se te ocurrió?
- .........., no es que se me haya ocurrido, ahí pasó, no era la idea......
- No..., no puedo estar escuchando esto...
- Fui un total idiota, yo se, perdoname...
- ¿Para qué volviste?
- Lo pensé. Y desde el momento que te imaginé como madre, decidí que si vos estabas a mi lado, iba a poder ser padre, o por lo menos intentarlo.
Celeste salió en una estampida del consultorio, e inmediatamente, cuando Gabriel iba a salir detrás de ella, se le empezó a oprimir el pecho.
- Me duele mucho, no puedo respirar
Inmediatamente la terapeuta reconoció los síntomas y llamó a una ambulancia, tenía todos los signos evidentes de un infarto. Celeste escuchó ésto, pero no la detuvo, y siguió rumbo a la salida, sin mirar hacia atrás.
(Continuará...)