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momentos

Salió de su casa muy dormida en el auto, mirando por la ventana las lisas y densas tonalidades que despunta el amanecer en invierno. Esa mañana pintaba muy fría, ya que desde que salió de su casa, tenía el frío pegado a los huesos, pero no así en el alma.

La rambla tiene unos paisajes hermosos, y todos los que cruzan por ella tienen la misma cara de dormidos, pero con la esperanza de empezar un nuevo día.

Miró a su izquierda, y vio a la persona que le brindaba más afecto en ese momento.

Veinte minutos antes le acarició la cabeza despertándola dulcemente, diciendo que el idilio que habían creado la noche anterior debía terminar, porque la vida real volvía lentamente para pasar aviso de que es muy difícil escaparse de ella. Entre besos y caricias decidieron que debían volver a la rutina, y él prendió el auto, la abrazó, y empezó a manejar.

Qué quietud, qué calma, qué paz. Eso era lo que ella necesitaba ahora. Paz.

Qué noche. Él la llamó en la madrugada, y le dijo que la extrañaba seriamente, ella le dijo que entonces fuera por su casa. Cuando llegó, sigilosamente ella se escapó de su casa, escapando a la guardia materna, aquélla que oficia de agenda, despertador y diario íntimo, que hace recordar cual si tuvieras cinco años, que te hace pensar que eso no puede estar bien, cuando en realidad no es algo que esté mal. No se escapó ni por culpabilidad, ni por vergüenza, se escapó por las dudas.

En esa noche él le prometió la luna, las estrellas, la eternidad, el obelisco. Y ella, sarcásticamente le hizo entender que si bien no le creía en lo más mínimo, se iba a hacer la boluda. Y los dos bromearon durante horas sobre esto, uno en los brazos del otro, con las estrellas como cómplices.

Camino por la rambla, él la dejó en su casa, con un beso de despedida y una sonrisa devastadora, ella volvió a entrar sigilosamente, se puso el camisón por arriba de lo que llevaba puesto y se metió en la cama. A los dos minutos suena el despertador, y su madre entra al cuarto a ver si todo está en orden, y se va.

Mágicamente, en un minuto ella estaba vestida, y salió para la facultad, como si nada hubiera ocurrido.

3 tuvieron la brillante idea de pirar conmigo:

No me gusta la 'realidad'... :(

2 de mayo de 2007, 19:00  

La realidad puede ser horrible. Pero como dijo Brozo, el Payaso Tenebroso: Nada es verdad, nada es mentira; todo depende del cristal con que se mira. ¿O no?

3 de mayo de 2007, 1:02  

A mí me gusta la realidad pero en ciertas ocasiones, muy raras. Cuando salvo examenes, me encanta que sea real mi progreso.

3 de mayo de 2007, 12:15  

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